Un individuo subió a un tren en Nueva York y le dijo al revisor que se dirigía a Fordham. “El tren no se detiene en Fordham los sábados”, le dijo el revisor, “pero le diré lo que podemos hacer. Cuando entre el tren a la estación de Fordham, reducirá la marcha; entonces yo le abriré la puerta y usted podrá saltar del tren.Pero cuando toque usted el suelo tenga la precaución de correr unos cuantos metros en la dirección del tren,de lo contrario caerá usted de bruces”.
Al llegar a Fordham, se abrió la puerta y el pasajero hizo lo que el revisor le había indicado. Pero, al verle, otro revisor abrió otra puerta y le hizo subir al tren mientras éste recobraba su velocidad.“¡Tiene usted suerte, amigo”, le dijo el revisor, “el tren no se detiene en Fordham los sábados!”.
No sabréis quién soy yo si no habéis leído un libro titulado Las aventuras de Tom Sawyer, pero no importa. Ese libro lo escribió el señor Mark Twain y contó la verdad, casi siempre. Algunas cosas las exageró,
pero casi siempre dijo la verdad. Eso no es nada. Nunca he visto a nadie que no mintiese alguna vez, menos
la tía Polly, o la viuda, o quizá Mary. De la tía Polly ––es la tía Polly de Tom–– y de Mary y de la viuda
Douglas se cuenta todo en ese libro, que es verdad en casi todo, con algunas exageraciones, como he dicho
antes.
Bueno, el libro termina así: Tom y yo encontramos el dinero que los ladrones habían escondido en la
cueva y nos hicimos ricos. Nos tocaron seis mil dólares a cada uno: todo en oro. La verdad es que impresionaba ver todo aquel dinero amontonado. Bueno, el juez Thatcher se encargó de él y lo colocó a interés y
nos daba un dólar al día, y todo el año: tanto que no sabría uno en qué gastárselo. La viuda Douglas me
adoptó como hijo y dijo que me iba a cevilizar, pero resultaba difícil vivir en la casa todo el tiempo, porque
la viuda era horriblemente normal y respetable en todo lo que hacía, así que cuando yo ya no lo pude
aguantar más, volví a ponerme la ropa vieja y me llevé mi pellejo de azúcar y me sentí libre y contento.
Pero Tom Sawyer me fue a buscar y dijo que iba a organizar una banda de ladrones y que yo podía ingresar
si volvía con la viuda y era respetable. Así que volví.
La viuda se puso a llorar al verme y me dijo que era un pobre corderito y también me llamó otro montón
de cosas, pero sin mala intención. Me volvió a poner la ropa nueva y yo no podía hacer más que sudar y
sudar y sentirme apretado con ella. Entonces volvió a pasar lo mismo que antes. La viuda tocaba una campanilla a la hora de la cena y había que llegar a tiempo. Al llegar a la mesa no se podía poner uno a comer,
sino que había que esperar a que la viuda bajara la cabeza y rezongase algo encima de la comida, aunque no
tenía nada de malo; bueno, sólo que todo estaba cocinado por separado. Cuando se pone todo junto, las
cosas se mezclan y los jugos se juntan y las cosas saben mejor.
Después de cenar sacaba el libro y me contaba la historia de Moisés y los juncos, y yo tenía ganas de enterarme de toda aquella historia, pero con el tiempo se le escapó que Moisés llevaba muerto muchísimos
años, así que ya no me importó, porque a mí los muertos no me interesan.
En seguida me daban ganas de fumar y le pedía permiso a la viuda. Pero no me lo daba. Decía que era
una costumbre fea y sucia y que tenía que tratar de dejarlo. Eso es lo que le pasa a algunos. Le tienen manía
a cosas de las que no saben nada. Lo que es ella bien que se interesaba por Moisés, que no era ni siquiera
pariente suyo, y que maldito lo que le valía a nadie porque ya se había muerto, ¿no?, pero le parecía muy
mal que yo hiciera algo que me gustaba. Y además ella tomaba rapé; claro que eso le parecía bien porque
El viernes por la tarde estuve en baile lo pasamos muy bien nos reímos muchísimo. Me quede en casa de mi amiga Irati a cenar nos sacamos fotos y nos reímos mucho.
Sábado , 1 de Diciembre de 2012
Por la mañana estuve en las piscinas del valle por que tuvimos que ayudar a los pequeños con el decorado de la exsivición de Disney. Por la tarde Laura vino a mi casa y nos empezamos a probar mi ropa